domingo, 23 de junio de 2013

Holanda, y las secuelas del humanismo secular.



Holanda antes y después de la Segunda Guerra Mundial se caracterizo por su rigurosa moral judeo-cristiana, de tener un singular protestantismo como catolicismo muy particulares que durante siglos le dio su identidad y forma a la nación de los tulipanes, además de ser una de las naciones que impulso de gran manera las misiones en todo el mundo.

Pero de la misma manera fue muy drástica su secularización a partir de los años 60s. A tal grado que en la actualidad la mitad de la población no sabe el significado de la Navidad, ni la relacionan con Cristo.  Casi la mitad de los ciudadanos se desconecto por completo del ámbito religioso y desconocen su propia historia e identidad como nación al desconocer el cristianismo desde el punto de vista histórico y doctrinal. 


Las consecuencias del secularismo en Holanda son devastadoras desde muchos frentes, comenzando por una de las tasas mas bajas de natalidad no solo de Europa sino del Mundo. No olvidemos que el secularismo y la baja tasa de nacimientos van de la mano, junto con el aborto y la desintegración familiar, la falta de valores universales, los cuales son sustituidos por valores relativistas y estériles. Eso a llevado a Holanda en convertirse en una Nación de experimentos sociales por parte del pensamiento humanista secular. Prostitución controlada y exhibida al público como mercancía de tienda departamental, eutanasia, aborto, matrimonios gay y un intento de legalizar al pederastia, son solo algunos ejemplos de lo que el humanismo secular a convertido a Holanda.

La pregunta que todo individuo mentalmente equilibrado, independientemente de sus creencias debe de poner en una balanza. ¿Que tan saludable es que una nación sufra de desintegración de la familia, de la casi extinción del matrimonio, de la casi nula tasa de natalidad? ¿Qué futuro puede tener una Nación que mientras destruye a la familia, da gran impulso a las desviaciones sexuales, y a la búsqueda del confort, que al del sacrificio por sacar una familia adelante? ¿Que futuro puede haber?



Holanda desde el punto de vista del catolicismo actual.

ROMA, 30 de diciembre de 2009 – Hasta hace medio siglo, el catolicismo holandés y flamenco se presentaba con una constitución robusta, fuerte a causa de sus tradiciones y activo en las misiones. Uno de sus símbolos fue el padre Jozef Damiaan de Veuster (1840-1889), apóstol de los leprosos en una isla del Pacífico, proclamado santo por Benedicto XVI el pasado 11 de octubre.

Pocos días atrás, en la vigilia de Navidad, en Nimega, falleció a la edad de 95 años otro gran símbolo de este catolicismo, el teólogo dominico Edward Schillebeeckx, flamenco de nacimiento y holandés por elección. 

Pero éste fue un símbolo, no del florecimiento sino de la impresionante decadencia que la Iglesia de Flandes y de Holanda ha experimentado en el último siglo.

Schillebeeckx ha reflejado esta metamorfosis en su misma vida de teólogo. En los años del Concilio Vaticano II y de la primera etapa posterior al Concilio fue una "estrella" de resonancia mundial, campeón de la nueva teología acorde con la cultura dominante. Pero luego fue casi olvidado, también por esos católicos que lo habían ensalzado.

El olvido que ha caído sobre él ha avanzado en paralelo con lo que al mismo tiempo sucedía en el catolicismo holandés, cada vez más olvidado de sí, cada vez más secularizado, cada vez más en peligro de desaparecer.

El informe reproducido abajo fotografía el perfil actual de la Iglesia católica en Holanda. Se trata de un país en el que hoy el 41% de la población declara no tener ninguna creencia religiosa y el 58% no sabe ya qué es la Navidad. Una Iglesia en la que hay dominicos y jesuitas que teorizan y ponen en práctica Misas sin sacerdocio ni sacramento cristiano, en las que los presentes son los que "consagran" colectivamente, alrededor de "una mesa abierta también a gente de diferentes tradiciones religiosas".

Todo esto mientras, contemporáneamente, una ciudad como Rotterdam ha sido ampliamente islamizada, tal como www.chiesa ha mostrado en un servicio impactante hace pocos meses.

El informe que sigue a continuación es de Marina Corradi y ha sido publicado el 23 de diciembre en "Avvenire", el diario que es propiedad de la Conferencia Episcopal italiana. Tiene por epicentro a la ciudad de Amsterdam.

Acompaña al reportaje una entrevista al cardenal Adrianus Simonis, arzobispo emérito de Utrecht.



En Amsterdam, qué queda de la Navidad



por Marina Corrad





Amsterdam está de fiesta en estos días navideños. Espléndidas luminarias alumbrando la Damrak y la plaza Dam; pistas de patinaje llenas de jóvenes risueños; muchos Papá Noel, y las notas de “Jingle bells” [Suenan las campanas] que salen de los grandes almacenes atestados de gente. ¿Pero que queda de la Navidad, en un país entre los más secularizados de Europa, donde el 58% de la población, según una investigación, no sabe con exactitud lo que ha sucedido ese día? ¿En un país con 900 mil inmigrantes árabes sobre un total de 16 millones de habitantes, y veinte mezquitas sólo en Amsterdam?

La Oude Kerk, la iglesia más antigua de la ciudad, construida en el año 1309, se levanta con su mole en el corazón del centro. A su alrededor está el Barrio Rojo, el barrio con luces rojas. Desde las vitrinas en las que están expuestas, las prostitutas sudamericanas y del Este golpean los vidrios para atraer la atención de los transeúntes. Alguna de ellas tiene puesto un gorro de Papá Noel. Lo observa e intenta imaginar qué historia la ha llevado hasta aquí. Ellas sonríen amistosamente. Pero las miles de luces de la ciudad son una borrachera que cubre la falsa alegría de estos callejones. Hay más todavía. La Neuwe Kerk, la iglesia donde eran coronados los reyes de Holanda, es un museo. La única "iglesia" atestada de gente en la ciudad es la de la Cientología, con seis pisos en pleno centro. "Instituto de tecnología religiosa"­ se lee en un aviso puesto en el interior. Ofrecen en forma gratis una prueba para medir el stress. Hay mucha gente.


Es extraña esta seguidilla de iglesias que ya no son iglesias, sino condominios, locales o mezquitas. Si se observa a los basureros, a los peones en las calles, a los mozos en las pizzerías, se verá que son casi todos marroquíes o turcos. Casi un millón de manos. Y aunque casi otros tantos inmigrantes provienen de países cristianos, los holandeses tienen miedo de todos estos islámicos. El partido de Gert Wilders, de la derecha populista, es el segundo según las encuestas, y las elecciones son dentro de pocos meses. Dos terceras partes de los holandeses dicen que los inmigrantes son demasiados. En la periferia hay algunos barrios, como el Slotervaart, guetos exclusivamente islámicos, donde es casi imposible encontrar un holandés. Todos se han ido de allí. Rotterdam tiene además un porcentaje de islámicos todavía más alto, y un intendente musulmán. Un diario estadounidense la ha llamado "la pesadilla de Eurabia". En realidad, las mujeres con velo que se encuentran en el centro de las ciudades holandesas son menos numerosas que en ciertos barrios de Milán. A pesar que los homicidios de Van Gogh y de Fortuyn han sacudido profundamente a los holandeses y que hay imanes fundamentalistas, en su gran mayoría los islámicos parecen querer trabajar y vivir en paz. 

El miedo a la "Eurabia" parece en verdad sólo un hecho que es consecuencia de un fenómeno todavía más radical: la secularización casi total de un país que, hasta la última guerra, era católico o protestante, absolutamente cristiano. Se ha producido una hecatombe: sólo el 7 % de los católicos va hoy a Misa el día domingo. Se bautiza el 16 % de los niños. Holanda ha sido pionera en lo que se refiere a las nupcias gay y a la eutanasia. "Luego del Concilio Vaticano II – dice el profesor Wim Peeters, docente en el seminario de la diócesis de Haarlem-Amsterdam – la Iglesia holandesa ha entrado en una crisis profunda. La generación de los años ´50 se ha ido, y olvidó educar a sus hijos". En 1964 se abolió también la enseñanza religiosa en las escuelas. Dos generaciones de holandeses han olvidado el alfabeto cristiano. En el registro del seminario de Haarlem, el número de sacerdotes ordenados se precipita al final de los años ´60. En 1968, no hubo ni siquiera uno. "­Creo – dice Peeters – que no tendríamos nada que temer del Islam si fuésemos cristianos. Con frecuencia parece que los holandeses hoy tienen miedo de todo: de tener hijos, al igual que de los inmigrantes. Pero el miedo es lo exactamente contrario de la fe".

Buscando todavía la Navidad, en el número 40 de Oudezijds Voorburgwal, en el Barrio Rojo, hay un pequeño portón. En el último piso del Museum Amstelkring hay una iglesia, una iglesia clandestina, que se remonta a la época de las persecuciones calvinistas, las cuales prohibían el culto católico. En el desván hay un altar, un órgano y diez bancos, a los que los fieles accedían a escondidas. La iglesia se llama "Ons’Lieve Heer op Solder": Nuestro Amado Señor en el Ático. Cristo en el ático, te pregunto, ¿ésta es la Navidad de Amsterdam?

Pero a pesar de todo, en el seminario de Haarlem-Amsterdam hay hoy 45 seminaristas, reflejo también de una fuerte presencia neocatecumenal. Monseñor Josef Punt, el obispo, explica que hoy algo ha cambiado respecto a la crisis más dura, experimentada veinte o treinta años atrás. Si en el '68 no salió un solo sacerdote de este seminario, dice que "hoy, cada año, en toda Holanda se ordenan 15 nuevos sacerdotes, que mantienen las nóminas [de sacerdotes] a nivel estable. En esta diócesis, algunas cientos de personas piden cada año el bautismo de adultos. Se percibe una nueva exigencia, generada por el sentido de vacío. Es cierto que hablamos de números pequeños. Somos una Iglesia misionera. Hay que volver a empezar todo desde el principio. En los monasterios que están situados fuera de la ciudad estamos creando centros de evangelización, para que quien está alejado de la fe pueda descubrirla. En nuestra escuela católica en Haarlem no llegamos a aceptar todos los pedidos de inscripción. Tengo la sensación que estos padres, pese a que no son creyentes, están fascinados por la belleza del cristianismo y la desean para sus hijos". 

Hace falta confianza para que creamos, en esta ciudad donde desde los campanarios de iglesias que no lo son más las campanas hacen resonar dulces melodías navideñas. Miles de Papá Noel, pero ningún pesebre, excepto uno, pequeñísimo, en las habitaciones del Ejército de Salvación, próximo a la Estación Central, en la mesa de los pobres. En ella hay veinte vagabundos congelados por el frío, termos gigantes con café caliente y ese pequeño pesebre. Y luego también, en Egelantinstraat 147, casi en la periferia, una casa pobre. Tocamos, te abre una religiosa de la Orden de la Madre Teresa. Hay cuatro. Aquí, cada mañana se celebra la Misa, y cada tarde se recitan las Vísperas. Hay una capilla desguarnecida, y en ella dos religiosas en adoración. Bajo el altar, el pesebre del establo. 

Pero si el sentido de la Navidad es un interrogante, una espera, entonces lo encuentras también en las calles de esta ciudad. Es el zueco vacío que los niños ponen en el camino la noche de Santa Claus, el 5 de diciembre, pues esperan un regalo. Son esos vagabundos y, también, si las miras a los ojos, esas jóvenes prostitutas en las vidrieras del Barrio Rojo. Son los viejos solitarios que caminan titubeando sobre la nieve, porque temen caerse y terminar inválidos en un hospital, donde quizás los observen como pesos inútiles. Son las jovencitas sentadas a la mesa, en una pizzería italiana detrás del Dam, quienes cantan tomándose de la mano: "I wish you a merry Christmas and a happy new year" [Te deseo una Feliz Navidad y un feliz Año nuevo]. Ya, un feliz Año. "No obstante todo esto – nos ha dicho el profesor Wim Peeters – la búsqueda de la  felicidad, y en consecuencia de Dios, está presente siempre en el corazón del hombre".



Conversación con el Cardenal Adrianus Simonis.


El arzobispo emérito de Utrecht, el cardenal Adrianus Simonis, de 78 años, es el "gran anciano" de la Iglesia holandesa, conocido y amado en el país, también por los musulmanes. "Quizás porque – explica sonriendo – he dicho que los musulmanes fieles a Dios irán a los cielos más altos del Paraíso".

Pero sobre Holanda, el cardenal (que hoy vive en un pueblito de Brabante, Nieuwkuijk) parece menos optimista.

"Sí, quizás hay signos de una nueva tendencia, pero hablamos de números muy pequeños", dice. "Queda en pie esa cifra, ese 58 % de  holandeses que ya no saben que es exactamente la Navidad. Está quien, observando a Holanda, está perturbado por el número de mezquitas. Lo puedo comprender, pero el auténtico problema aquí es anterior a la inmigración, ya que nos hemos extraviado, hemos perdido nuestra identidad cristiana. Si esta identidad fuese fuerte, no tendríamos miedo de los islámicos. Efectivamente, existe en Holanda el problema del fundamentalismo islámico, pero la mayor parte de los inmigrantes no lo sigue. Más que el integrismo, me preocupa el avance de la secularización en las jóvenes generaciones islámicas. Temo que terminarán convirtiéndose a la verdadera religión que domina en Occidente: el relativismo".

 Holanda se llena de Mezquitas, y su identidad se transforma radicalmente. Muy pronto Holanda dejara de verse como una país europeo y se asemejara un país islámico del Medio Oriente. Y todo eso gracias a la secularización del país.
Cientos de musulmanes radicales en Europa se oponen a los valores de la democracia y quieren imponer la ley islámica (Shariah) en Occidente. De echo ya se aplica de manera no oficial en los barrios mayoritariamente musulmanes, por lo que, los pocos europeos se tienen que mudar a otros barrios para no ser agredidos. 



P. – Eminencia, ¿el racismo y la xenofobia no constituyen aquí un problema?

R. – No creo. Los holandeses son un pueblo tolerante. No veo en el horizonte una ola racista.

P. – En Haarlem el obispo dice que se comienza a advertir en los jóvenes un sentido de vacío, la falta de lo que ha sido olvidado…

R. – Es verdad, muchos advierten el vacío, pero no saben ir más allá, no saben qué preguntar ni a quién. No han sido educados para reconocer y percibir el deseo de su corazón. En este sentido, estoy convencido - al igual que el obispo Punt - que la Iglesia holandesa está verdaderamente llamada a ser misionera. Se han perdido dos generaciones. Se trata de recomenzar de nuevo, y dentro de una cultura indiferente al cristianismo, en medio de medios de comunicación que no son amistosos.

P. – Usted tiene 78 años. En los años de la guerra usted era un niño. ¿En ese entonces, Holanda no era un país fuertemente cristiano? ¿Qué ha sucedido luego?

R. – Probablemente era un cristianismo demasiado signado por un rígido moralismo. Luego se produjo una rebelión radical, como radical es el carácter de los holandeses. No son capaces de creer sólo “un poco” en algo. O una cosa la otra. Se han convertido en lo opuesto de lo que eran”.

P. – Sin embargo, en el seminario de Haarlem hay hoy 45 estudiantes, y algunos centenares de adultos piden anualmente el bautismo. En Amsterdam he encontrado a las religiosas de la Madre Teresa en adoración frente al Crucifijo. Pocos, pero fuertes, los católicos aquí…

R. – Es verdad. Es cierto que en una situación como ésta la sal está obligada, por así decir, a ser más salada…

P. – ¿Qué intenta decir, en las Misas de Navidad, a los fieles?

R. – Que quizás han olvidado el hecho cristiano, lo que es en esencia: Dios se ha hecho hombre, ha venido al mundo en la pobreza, humilde y frágil como un niño recién nacido, por amor a nosotros.

P. – Sabe, Eminencia, que hace poco en la provincia vecina a ésta, en Drunen, he visto a un centenar de niños salir de la iglesia católica donde había habido una función de Navidad?

R. – Debe ser ese joven sacerdote que ha llegado hace poco, quien se dedica a hacer…­"

La historia que vuelve a comenzar otra vez. Para recomenzar, basta la presencia de un cristiano.



Holanda desde el punto de vista protestante. 
En Holanda, el que muchos consideran el país del libertinaje, quedan todavía grandes comunidades en las que la ortodoxia es máxima, a veces extrema. Estos herederos del calvinismo prohíben las blasfemias, las mujeres no usan pantalones y la televisión apenas tiene presencia. 



Por ejemplo, la ciudad de Staphorst, de 16.000 habitantes, que a estas costumbres no habituales añade otras que son envidiables, como tener una de las tasas de natalidad más elevadas de Europa y la cifra de divorcios más baja de Holanda. 
      Aldeas de comunidades de cristianos protestantes conservadores, que viven tradicionalmente y desprecian todo lo secular. Según los progresistas estas comunidades son un mal ejemplo para el progreso, por ser consideradas retrogradas al no aceptar la homosexualidad, el aborto, etc. 


HEREDEROS DE CALVINO
«Los habitantes se ven como los verdaderos herederos de Juan Calvino», el teólogo protestante francés nacido hace 500 años, explica Jan de Wolde, un historiador octogenario, residente de Satphorst desde hace 54 años.

En esta ciudad de 16.000 habitantes considerada como la más conservadora de Holanda, situada a un centenar de kilómetros al este de Amsterdam, «se considera que el resto del mundo es impío», agrega.

Un decreto municipal prohibió la blasfemia, aunque a la vez no considera castigarla, y según cifras del proveedor de televisión por cable Ziggo, el 80% de los hogares no tiene televisión. Las mujeres que usan pantalones, «una vestimenta de hombre, no bíblica», según Wolde, son pocas y se ve como algo raro.

El domingo en Staphorst los autobuses no circulan. Los negocios y la piscina municipal están cerrados. Pero las calles que llevan a los cinco templos protestantes de la ciudad están repletas de gente. Para asistir al culto, las mujeres tienen que cubrirse la cabeza. «Todo está cerrado el domingo, salvo la iglesia. Es imposible vivir aquí, asfixiante», asegura Vic van Vuuren, un estudiante de 19 años que se proclama ateo y que está ansioso de abandonar su ciudad natal. Pero muchos otros siguen residiendo sin querer marcharse.

Aproximadamente mil mujeres usan todavía las vestimentas tradicionales que le valieron el sobrenombre de ´Zwarte kousen´ (´medias negras´a los calvinistas del ´cinturón bíblico´ holandés, que atraviesa el país en diagonal del suroeste al noreste.

«Desde el exterior, todo puede parecer medieval», reconoce una habitante de 66 años. Aunque están al tanto de lo que ocurre a su alrededor, pero a menudo en desacuerdo: la eutanasia, la legalización de la prostitución, el aborto y el casamiento homosexual, que hacen de Holanda un laboratorio del liberalismo social, son tabú en este lugar. Sin embargo, y aunque como en toda ciudad Staphorst tiene «sus extremistas», agrega, «la gente que vive aquí es en su mayoría tolerante con el otro y es reconfortante vivir en una comunidad tan unida». Una buena muestra es el joven ateo Vic van Vuuren, aburrido pero respetado.

«Uso falda porque así me siento bien», afirma Ventje Veijer. Esta joven de 21 años nunca visitó Amsterdam, con su famoso ´Barrio rojo´ y sus ´coffee shops´, donde se vende marihuana. ¿La razón? La tiene clara: «porque allí tienen valores diferentes».

Durante la guerra de 80 años entre España y Holanda, que terminó en 1648, el gobierno holandés «utilizaba la fuerza para promover el protestantismo como una barrera contra los españoles católicos que invadían el sur», recuerda la historiadora Mirjam van Veen. El ´cinturón bíblico´ de hoy está situado, de hecho, «en la línea de frente» de la época, agrega.

A pesar de todo, «el tiempo no se detuvo en Staphorst», asegura Jan de Wolde. Como muestra, cada vez más habitantes tienen internet en sus hogares. En los años 1970, la mitad rechazaba vacunarse, estimando que hacerlo era interferir con la voluntad de Dios. Hoy sólo el 20% lo sigue pensando.


La Holanda secularizada y sus excesos. 
Holanda se ha convertido en la diestra del humanismo secular, al ser el pionero en matrimonios gay, sin entender el significado del matrimonio.

La palabra matrimonio deriva de la palabra "matreum muniens", significando la idea de defensa y protección de la madre, implicando la obligación del hombre hacia la madre de sus hijos. El Derecho romano lo constituyo con el fin de proteger a las mujeres que solo eran usadas por los hombres como objetos sexuales, las dejaban embarazadas y sin protección ni responsabilidad hacia los hijos engendrados. Por lo tanto hay que resalta que tal institución es de origen pagano y tiene ciertas diferencias al concepto "boda" del mundo judío.

El matrimonio, institución pagana que se cristianizo, con el fin de proteger a las madres. 

En el matrimonio gay, aun entre lesbianas, no existe la maternidad, por lo tanto no se puede llamar matrimonio. Pero el pensamiento humanista secular, lo impuso a pesar de todo como una manera de no discriminar a los homosexuales a ser menos que una relación entre heterosexuales. 


El matrimonio en si, no se puede aplicar a la relación homosexual pues en dicha relación no existe la maternidad. El pensamiento humanista secular se negó a darle otro tipo de nombre a la relación de los homosexuales y su reconocimiento de su unión ante el estado laico, sino que se apropio de un concepto que solo debe ser exclusivo de la familia. Pero eso es lo que se opone el pensamiento secular, a excluir, y considera que no debe de haber diferencia entre un matrimonio heterosexual y uno homosexual. Esta igualdad malversada fue la que abrió las puertas a que los matrimonios homosexuales tuvieran el derecho a adoptar hijos. Por lo tanto, el pensamiento humanista secular fue el creador de ese espejismo sin fundamentos ni en lo biológico ni en lo cultural de que puede haber familias heterosexuales y familias homosexuales. Pero la verdad es que dentro de una nación secularizada, las familias heterosexuales desaparecen, mientras que los matrimonios y las supuestas familias homosexuales se incrementan y se consolidan. Y la pregunta obligada es ¿Y eso es bueno para una Nación? ¿Se puede tener futuro con esos valores, anti-naturales y sin fundamentos, del humanismo secular?

Pero eso no es lo único, aparte de destruir los valores y solidez de la familia, a consolidado y fortalecido los anti valores como la legalización y control de la prostitución, la eutanasia, la legalización del aborto y la mariguana y la vergüenza de vergüenzas, que fue el intento de la creación de un partido político que tenía como único fin la legalización de la pederastia. 

La vergüenza de Holanda.
En el 2006 el mundo ya hastiado de si mismo, no se sorprendió ni se conmociono ante la noticia de que en Holanda la constitución de dicho pais aprobó la formación de un partido político que tenía como único fin, el de legalizar la pederastia disminuyendo la edad de consentimiento sexual de 16 a los 12 años, con ello, el que una persona adulta tuviera relaciones sexuales con un niño o niña de 12 años no sería considerado algo ilegal en dicho país. También dicho partido buscaba que el material de pornografía infantil no fuera considerado como delito el poseerlo, comprarlo o venderlo. El partido tenia como nombre “Caridad, Libertad y Diversidad”, con las siglas NVD en holandés.

               Los pederastas buscan su legalización, en los derechos de los homosexuales.

Pero lo mas lamentable y vergonzoso es la mentalidad de los que controlan el tribunal de Holanda para aceptar como derecho legitimo que un partido así pueda existir. Eso es un secularismo extremista, donde el bien y el mal es según el voto de la gente, si le gusta o no le gusta. 

Afortunadamente en 2010 se dio la noticia de la desintegración del partido pedófilo de Holanda, por la simple razón de la cobardía (típico de los pederastas) de los pedófilos de dicho país que no quisieron firmar una de las actas que requiera recolectar cierto numero de firmas para darle un proceso oficial al partido NVD. A falta de ese apoyo fue como se disolvió tal partido.
 La diversidad sexual es una false creencia secular, que busca en el relativismo moral, ver las desviaciones sexuales como algo natural.

Pero aun así sus fundadores declaran que es solo cuestión de tiempo para que la pederastia sea vista con los mismos derechos de preferencia sexual que gozan ahora los homosexuales. 

Pero la verdad es que tanto la homosexualidad como la pederastia no cumplen con las funciones y propósitos de la sexualidad, que el pensamiento humanista secular ha declarado como preferencias, de una manera arbitraria y sin fundamentos científicos. Y efectivamente mientras el estado laico permita el extremismo del pensamiento humanista secular, será cuestión de tiempo para que los pederastas sean considerados como seres normales y saludables con todos los derechos de un heterosexual. 

En resumen.
Es obvio que el pensamiento humanista secular es un peligro para las naciones de Occidente. Pues destruye la familia, algo que es valioso para todas las culturas que han existido desde los tiempos mas remotos hasta la actualidad. La unidad familiar, la maternidad, la procreación de hijos, es el futuro de una nación, destruirlos es poner el futuro de dicha nación en un serio peligro. 

Ahora Holanda ya ni siquiera le pertenece al mundo secular, sino al islam, que  se reproduce con fuerza a tal grado que ni siquiera los liberales pueden andar en paz por sus calles, sin ser agredidos por las minorías musulmanes que ven con horror su estilo de vida decadente. 

Es irónico que el llamado cinturón bíblico, comunidades protestantes conservadoras sean los que tengan el nivel de natalidad mas alto de Europa y que gocen de una unidad familiar ejemplar, y sean considerados retrogradas y poco progresistas. Como si el progreso consistiera en destruir a la familia heterosexual.


Para los liberales humanistas seculares, el progreso es acabar con la familia y fomentar y fortalecer las desviaciones sexuales. 

No en vano el pensamiento humanista secular ha sido bautizado como la cultura de la muerte. Pues no cabe duda que destruye a una Nación desde sus bases y la convierte en un circo de atracciones sexuales, para el humanismo secular eso es el progreso, algo que nada tiene que ver con un verdadero estado laico y democrático. 

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